La exposición muestra obras de todas las épocas del autor, algunas basadas en relatos de Poe o Baudelaire.
Nunca antes había llegado a nuestro país una exposición única de este genio francés, príncipe del sueño y del simbolismo, aunque poco reconocido, que es Odilon Redon, pero ya era hora, y ha llegado a lo grande.
La exposición en la fundación Mapfre, que está formada por más de dos plantas reservadas para el artista, muestra tanto sus obras de la época oscura, pintadas al carboncillo o en litografía, como las de su época más colorida, en los que se atreve con el óleo y hasta la acuarela. Entre sus obras más importantes, y anteponiéndose a lo que sería el surrealismo, podemos encontrar “la araña sonriente” o “el ojo del mundo como un globo”, algunas de ellas basadas en relatos de Poe y de Baudelaire, que se encontraban entre sus escritores favoritos.
A pesar de que es muy completa, y en ella podemos encontrar toda su colección de “los negros”, unas pinturas que llaman quizás más la atención que sus obras en color, que lo catalogan como un pintor más normal, puede quedarse algo corta. A menos que conozcamos de primera mano al artista y entendamos cómo influyeron en él los artistas Nabis, por qué pintaba en un primer momento basándose únicamente en el negro (coincidiendo con una época en la que no había verdadero color en su vida, tras la muerte de su primer hijo) o cómo influyó en el propio Dalí y el surrealismo posterior, la exposición puede resultar algo caótica.
Sus litografías, más propias de la escena de una pélicula de Luis Buñuel o de un dibujo de Benjamin Lacombe que del impresionismo que marcaba la época pueden resultarnos confusas. Tal vez nos encanten. Tal vez no nos digan nada. Pero por ello sugieron una audioguía, para poder entenderla al completo.
Lo que no puede negársele es profundidad, puesto que no todos los artistas consiguen una exposición para ellos sólos, pero desde luego, mérito no le faltaba. Disfrútenla.