En la sala de Recoletos de la Fundación Mapfre se presenta esta muestra, sobria, elegante.
Desde el 11 de febrero hasta el 29 de abril de 2012, la Fundación Mapfre (en su sala de exposiciones de Recoletos) presenta una exposición sobriamente titulada Lewis Hine. La muestra se organiza entorno a los principales temas con los que trabajó el fotógrafo norteamericano (1874-1940), como el de los trabajadores estadounidenses de principios del siglo XX, los emigrantes, etc. Entre esas fotografías, muchas parecen sacadas de libros de Steinbeck como Las uvas de la ira.
Nos limitaremos aquí a presentar brevemente la temática del trabajo infantil, que se desarolla como un serie de retratos, individuales o colectivos. En ésta, se puede contemplar a niños trabajando, a esos niños con caras de adulto y cuerpos cansados por la labor. Al observar con atención esas fotos, se insinúa con cierta violencia uno de los aspectos más peculiares – pero no siempre tangible – de la fotografía: su indecencia. Está última procede de la capacidad de la fotagrafía de rozar y distanciar a la vez, con un solo gesto, la experiencia de lo real. En este caso, este aspecto de impudor está resaltado aún más por la falsa impresión de neutralidad, de frialdad – procedente de la fotografía documental practicada por el artista – que emana de la imagen tanto por la luz como por la composición.
No obstante, esta indecencia cobra un sentido especialmente fuerte y convincente dado el tema. El fotográfo parece ajustar a los sujetos retratados los niveles de intimidad y de desnudez que puede proporcionar una cámara ante lo real. Obviamente, el carácter impúdico propio de la fotografía documental es utilizado con intención política por Hine y potenciada con el fin de dar a conocer la dura realidad de la vida de esos niños. Para nosotros, indecente sería quedarse con un sólo ejemplo, con una sóla fotografía o un único rostro entre todos. Por eso, invitamos al lector a acudir a la exposición, a enfrentarse a unas imágenes cuya indecencia se agradece y cuya actualidad, visto el destino que el mundo prepara a su juventud, resulta sin duda muy inquietante.