Algunos, muy entusiastas, comentan que se ha roto el tándem "Merkozy", y que este hombre marcará una nueva pauta. Pero si está demostrado que esos son los mercados... ¿Qué es lo que puede o no puede hacer Hollande?
Es muy complicado saber cuándo, a partir de qué momento y en qué circunstancias, lo que dice la prensa española en portada tiene más que ver con que no hay noticias, o con que lo que se cuenta es importante de verdad. Muy importante, es algo que de una manera u otra nos va a afectar, y conviene informar y ponerlo todo en grandes titulares.
Ahora bien, en muchas ocasiones, cuando realmente no hay noticias de aquí, se mira rápidamente al exterior en busca de titulares que merezcan la pena. Aquí, lo que tenemos ya aburre, y la gente está curada de espanto en lo que a recortes se refiere. Si acaso alguna declaración sin sentido político y destinada a hacer pupa en las mentes de los españoles como las del ministro de Justicia, Ruiz-Gallardón: “Los recortes no son suficientes”. Aunque bien es sabido que cuando este hombre tiene una corazonada, tampoco hay que hacerle mucho caso.
La noticia estrella de este fin de semana ha sido que François Hollande, del partido socialista francés, ha ganado, muy justito, las elecciones y se ha impuesto sobre Sarkozy. Algunos, muy entusiastas, comentan que se ha roto el tándem “Merkozy”, y que este hombre marcará una nueva pauta en la senda del crecimiento y los buenos deseos.
Es normal preguntarse: ¿Va a cambiarla situación? Pues alguna razón hay para creerlo. La primera de todas es el programa electoral de Hollande, entre cuyos puntos figuran algunos muy reivindicativos y muy propios de lo que hace unos años (cuatro, concretamente) creíamos que era la izquierda: Jubilación a los 60, subida de impuestos a la banca, persecución de los paraísos fiscales…
Pero si algo hemos aprendido con mucha dureza estos años es que quienes marcan la pauta son otros. En una economía de mercado si no complaces al mercado estás fuera. En España, después de 34 años sin cambiar la Constitución, por mucha reivindicación social de por medio que haya habido, resulta que se ha cambiado precisamente para eso, para dar un respiro a España en la tempestad crediticia que marcaban los mercados.
Por cierto, esto último con una total falta de transparencia digna de un Estado antidemocrático. “Merkozy”, si acaso, imponía las normas vía política, pero los ritmos los marcaban otros. El problema es bastante más profundo que un simple cambio de cara y gabinete. No dudamos de la voluntad del nuevo presidente francés. Sólo de su capacidad real para cambiar algo.