El interés por obra de Hesse crece en Alemania; nuevas publicaciones de este escritor se reproducen por doquier.
“Predicador de la destrucción de la civilización”, “escritor sensiblero”, son algunas de las calificaciones que ha recibido el autor alemán a lo largo de su vida. El crítico Marcel Reich-Ranicki sostuvo en una ocasión que Hesse, al escribir "Demian", escribió "un libro nazi sin darse cuenta".
Un dato ciertamente curioso, es que una de las lectoras más asiduas de “Demian”, Ulrike Meinhoff, fuese una figura emblemática de una banda terrorista de extrema izquierda denominada “Fracción del Ejército Rojo”.
A ojos de sus defensores, se trata de un representante de aquella generación contestataria de los años sesenta. Dos biografías -una de Heimo Schwilk y otra de Gunnar Decker- se acercan a la figura de Hesse y coinciden en su esfuerzo por cuestionar la imagen del autor de "El lobo estepario" como un icono de aquélla. No obstante, sus defensores tienden a ver en sus obras parte de su propia autobiografía y una invitación a oír la voz interior de cada uno, lejos de dogmatismos e ideologías.
Figura controvertida en cualquier caso la de Hesse, que siembra defensores y detractores por igual, símbolo tal vez de un choque de generaciones que se está produciendo en la actualidad de un modo similar al que se produjo en la década de los sesenta, donde Hesse fue baluarte de esa ruptura. Símbolo de esta figura controvertida y polémica pudiera ser una frase muy conocida de su obra “Demian”: "Para nacer hay que destruir un mundo".
Siempre rebelde, aunque presto a la reconciliación, Hesse se mostró desde joven contrario a lo que se esperaba de él: según Decker, a raíz de la fuga de joven de Hesse para abandonar el camino como pastor protestante que le querían encomendar sus padres, "la decisión espontánea de no hacer lo que se esperaba de él sino seguir adelante sin saber a dónde iba a llegar" era aquello que mostraría en el futuro, en sus obras y actos.