Las universidades españolas, al igual que las de la mayor parte de los países desarrollados, se han caracterizado en los últimos veinte años por entrar en lo que Benjamin Ginsberg ha llamado la universidad omniadministrativa.
Segunda parte: coge el sexenio y corre
Las universidades españolas, al igual que las de la mayor parte de los países desarrollados, se han caracterizado en los últimos veinte años por entrar en lo que Benjamin Ginsberg ha llamado la universidad omniadministrativa (Ginsberg, 2011). En la universidad omniadministrativa se dispara el gasto de este tipo. En el caso español, el economista A. Galindo Lucas (Galindo Lucas, 2010, pp. 20-32) calcula que se ha multiplicado por tres el gasto administrativo, sin que ello suponga una mejora de la calidad de la docencia ni de la investigación gracias al mismo.
El gasto administrativo se dispara, se incrementa el número de administrativos y de profesores dedicados a la administración en docenas de cargos menores (Ginsberg los llama los nuevos deanlets, decanitos). Pero se empeoran los servicios comunes, como las bibliotecas.
En todo el mundo la publicación académica ha entrado en picado, como señala Lindsay Waters, editora de Harvard University Press (Waters, 2004), debido sobre todo a que las propias bibliotecas universitarias – de las universidades de élite, ¡ojo, estamos otra vez en Harvard!- están dejando de comprar monografías. Si eso es verdad en Harvard, en los EE.UU., la realidad es mucho peor en España.
En España no sólo ha caído en picado la compra de libros en las bibliotecas universitarias, sino que hay una auténtica cruzada por parte de las autoridades académicas en contra de los libros. Se ha impuesto lo que Mark Helprin llama la barbarie digital (Helprin, 2009), solidaria de la ola omniadministrativa según la cual todo es controlable por protocolos sencillos que se puedan procesar en un ordenador y sean mecánicos.
En España políticos y autoridades académicas han conseguido convertir las universidades en rebaños digitales, siguiendo la denominación acuñada precisamente por un informático, Jaron Lanier (Lanier, 2011). En el rebaño digital es necesario simplificar el pensamiento, a lo que están contribuyendo en España las TIC, que en vez de ser herramientas utilísimas han pasado a convertirse en un fin en sí mismas. En el rebaño digital, encarnado en la docencia en el aula en el PowerPoint se está consiguiendo, tal y como ha analizado Frak Frommer (Frommer, 2011), volver cada vez más estúpidos, dixit Frommer, a docentes y alumnos, que están llegando a creer que el aula o es virtual o no es nada. Además, por el desprecio del libro, del texto complejo, de la narración estructurada, del argumento en varios niveles, y por la omnipresencia de la imagen, el esquema y el cuadro, alumnos y profesores se están volviendo cada vez más superficiales, tal y como ha señalado Nichols Carr (Carr, 2011).
Se está perdiendo la capacidad de lectura porque Internet mal utilizado favorece la conexión en paralelo, el linkeado, frente a la visión compleja de los conjuntos, estructuras y problemas. Se está llegando a creer que Internet es el mundo en donde está todo: “es que lo dice Internet” es una frase cada vez más frecuente en el alumnado. Se obvia decir que todo lo que está en Internet ha sido metido allí por alguien, que los textos tienen autor, aunque sean plagios, porque el plagiario también quiere ser autor, y se obvia decir que en un corpus de información dado, un buscador de Internet, que se basa en unos algoritmos, siempre encontrará la misma información para los mismos usuarios. Y que si eso fuese así y no existiesen otros medios de búsqueda y análisis de la información, no solo desaparecería la idea de autor y de originalidad, sino que cualquier clase de innovación sería imposible.
En Harvard, Derek Bok analiza cómo la venta de paquetes docentes originales protegidos por derechos de autor acaba yendo en contra de los intereses de los que los venden. En España esos paquetes ni si quieran son originales. En la universidad española Internet es la noche en donde todos los gatos son pardos, es el reino del anonimato, del corta y pega, del protocolo impuesto y del formato obligatorio, porque solo los que diseñan el formato son originales. Son originales para imponer su voluntad por medios digitales, sean ellos administrativos, profesores evaluadores, rectores o ministros. Y por eso en la universidad española se desprecia cada vez más la docencia, como se puede ver en el Real Decreto del 20 de abril de 2012.
En él se decide castigar con más docencia a los peores profesores y premiar a los mejores rebajando su esfuerzo docente. Porque la docencia es un castigo, es en realidad degradante en la carrera académica, y lo es porque la propia docencia está degradada, simplificada, burocratizada, diseñada y controlada por moldes rígidos, basados en conceptos y palabras vacíos y apta para que la imparta cualquiera.
Por eso la docencia es un castigo, por eso no hacen falta verdaderos profesores originales. Por eso se favorece la docencia virtual, porque permite prescindir del profesor y convertirlo en tutor con salario reducido y situación precaria, como señala D. Bok, y porque permite contratar taxi professors, como señala Frank Donoghue (Donoghue, 2008). Profesores sumisos, sometidos a evaluaciones constantes por parte de otros profesores privilegiados, por sus autoridades académicas y por sus gobernantes.
Esos profesores perpetuamente evaluados y premiados con menos docencia van a conocer un verdadero paroxismo evaluador con este decreto aprobado por el Consejo de Ministros. Un decreto que se basa en los siguientes puntos.
a)- los profesores que no tienen ningún sexenio, a pesar de que LOU les reconoce su plena capacidad docente e investigadora y en ello son iguales a los demás, son lo más bajo de la escala académica, por lo que se los castiga con una docencia de 320 horas anuales frente a las 240 de los restantes.
b)- si un profesor consigue un sexenio impartirá 240 horas – lo que casi nadie hace por exceso de plantilla. Pero ojo, si no pide otro, o si se le deniega uno, caerá en el pozo de los profesores torpes solo aptos para enseñar, dado que enseñar, lo que se dice enseñar, lo que puede hacer cualquiera (si de lo que se trata es de enseñar de forma degradada).
c)- solo si un profesor ha logrado sus cinco sexenios, podrá dormir en paz, puesto que ya no podrá ser de nuevo arrestado a dar más clases por parte de otros profesores evaluadores, en algunos casos con muchos menos sexenios que el degradado. Aunque naturalmente siempre se podrá inventar otra nueva evaluación para poder tener siempre dominado a todo el profesorado.
El profesor ideal será pues aquel que considere que su docencia es un obstáculo para su carrera y que tenga casi todo su tiempo para investigar y poder pedir los sexenios que lo liberen de la mazmorra docente, le permitan formar empresas en su universidad, ahorrando costes y maximizando beneficios, a la vez que ir acaparando para su grupo el dinero de investigación que cada vez será más escaso. El profesor superexcelente puede además cobrar dos veces sus horas de trabajo como profesor, su nómina paralela por actividades investigadoras y obtener beneficios empresariales en su propia universidad.
Los alumnos sin embargo han de pagar el supuesto coste total de sus estudios con sus 1.500 euros anuales y con sus 6.000 euros ideales para que este sistema funcione de acuerdo con el:
Teorema de Ignacio Wert:
Toda docencia universitaria puede mejorarse incrementando sus costes e incentivando a todos los profesores para que progresivamente dejen de impartirla.
Epílogo
a)- en el mercado ideal todo agente económico ha de intentar minimizar sus gastos e incrementar sus beneficios mediante el estudio de los precios. Por ello si el incremento del precio de una mercancía no se corresponde con un incremento de su utilidad, un agente económico racional deberá optar por no comprarla.
Por esta razón, es evidente que el incremento sucesivo de las tasas de las universidades públicas hará que progresivamente los alumnos españoles decidan irse cambiando a las universidades privadas, pensando que los atenderán mejor, siempre y cuando la diferencia de los precios entre unas y otras sea cada vez menor.
b)- si una o varias personas, mediante los mecanismos que fueren (ocultando información o utilizando la coerción), alteran el precio de las mercancías, se puede decir que están practicando la maquinación para alterar el precio de las cosas.
c)- las Agencias de calificación de riesgos pueden maquinar cada día el precio de todos los valores bursátiles, el gobierno puede establecer de la forma que desee, sin tener en cuenta los costes reales, los precios de las tasas universitarias. Los únicos que no pueden maquinar para alterar el precio de las cosas son los estudiantes universitarios españoles.