Como además todas tienen derecho a ser igual de distintas, entonces nuestra Constitución crea 17 identidades colectivas en conflicto, 14 de las cuales no habían existido nunca, sin que los nacionalismos anteriores tuvieran ninguna responsabilidad en ello.....
Dice un proverbio judío que Dios puede cambiarlo todo excepto el pasado. Si fuese cierto, y así lo parece, no tendría mucho sentido plantear ahora cómo se hizo nuestra Constitución. Pero como los historiadores somos una especie de forenses, podríamos hacer este ejercicio didáctico.
La Constitución de 1978 se redactó en un contexto muy débil, en una España en la que el franquismo tenía monopolizada la idea de nación española, que parecía quedar deslegitimada junto con él y ante la amenaza de otro golpe de estado. Por eso los constituyentes no pudieron aceptar la idea de que en España venían de atrás tres nacionalismos organizados política e ideológicamente que reivindicaban un reconocimiento específico de otras realidades nacionales diferentes a la española.
Como por otro lado tampoco se podía negar su existencia se optó por el camino del medio y se creó el concepto de Comunidad Autónoma, abriendo una auténtica caja de truenos. Nuestra Constitución dice que la soberanía le corresponde al pueblo español, que es la base de una única nación, la española. Si se hubiese admitido plenamente la existencia de otras realidades nacionales, el pacto constituyente, es decir, el contrato imaginario encarnado en un referéndun por el cual unos cidadanos deciden constituirse como nación, tendría lugar entre cuatro pueblos y cuatro naciones: la española, la gallega, la catalana y la vasca, que podrían haber formado un estado estructurado y unitario como el que ahora existe, o de otro tipo.
Como eso no fue así, el único pueblo constituyente fue el español, y las autonomías no fueron realidades constituyentes de la nación española, basada en un pueblo único, por lo que parece. Pero como eso no se podía, ni se puede, decir así, entonces se asumió que las Autonomías son co-constituyentes sin serlo en realidad. Dicho de otra forma, si las Autonomías nacen con la Constitución y no en el ámbito de ella, entonces sus Estatutos, avalados por sus referéndums, son partes esenciales del todo Constitucional, que desaparecería si desapareciesen ellas, planteándose así el viejo dilema de qué es anterior, el todo o las partes.
Como no se podía admitir otras tres naciones diferentes a la española, se construyó un estado basado en la siguiente paradoja: “Solo existe un único pueblo, el español, en el que todos los ciudadanos son iguales. Pero como tenemos que admitir que algunos de ellos dicen que son diferentes, entonces concluimos que en España para ser todos iguales, todos tenemos el derecho a ser distintos. Por lo tanto España es una nación en la que 17 Comunidades Autónomas se proclaman radicalmente diferentes en nombre de su unidad indisoluble”.
Como además todas tienen derecho a ser igual de distintas, entonces nuestra Constitución crea 17 identidades colectivas en conflicto, 14 de las cuales no habían existido nunca, sin que los nacionalismos anteriores tuvieran ninguna responsabilidad en ello. Todas compiten por no ser España, por pedir cada vez más competencias para ser igual de distintas, y cada quien negocia por su parte, saltando cualquier obstáculo ideológico - ya que se dice que las naciones y sus nacionalismos en realidad no existen-, o traba moral para conseguir más recursos propios. Y comienza así el proceso de desarticulación administrativa, que no politica, del Estado, que llevó a este autor a poder leer en Valladolid esta sorprendente pintada: “Castilla no es España”. Perfecto.